El récord de parapente en el Karakórum acaba de caer, y lleva la firma del piloto francés Antoine Girard. Apenas dos semanas después de regresar al valle de Hunza, en Pakistán, completó el primer triángulo FAI de 400 km de la historia del vuelo libre, en unas condiciones donde la tormenta amenazaba en cada viraje.
Yo que he recorrido los senderos del campo base del Everest y he pasado noches por encima de los 5.000 metros, sé hasta qué punto esta zona del Himalaya y el Karakórum puede ser tan generosa como implacable. Así que ver a un piloto sobrevolar en parapente cumbres que yo mismo he contemplado desde el suelo, y conseguirlo en apenas 11 horas y 32 minutos, redefine por completo lo que creíamos posible a gran altitud.
En este artículo te cuento cómo se desarrolló este vuelo minuto a minuto, por qué un triángulo FAI es tan difícil de cerrar, y qué cambia esta hazaña para los amantes del cross-country en terreno extremo.
Sommaire
ToggleUn regreso exprés al valle de Hunza
Antoine Girard y su fiel compañero de vuelo, el piloto ruso Veso Ovcharov, no son ningunos desconocidos en la región. Cada verano, el dúo vuelve a su terreno de juego habitual: el valle de Hunza, rodeado por los gigantes del Karakórum y sus térmicas, tan potentes como impredecibles.
Nada más llegar, los dos hombres encadenaron vuelos de aclimatación, aprovechando el parapente para ganar altitud rápidamente. «Nada más llegar, subimos para pasar la noche a 4.300 m, pero gracias al parapente, el ascenso fue rápido y eficaz», contaba Girard a su patrocinador Ozone Paragliders.
Esa primera semana no tuvo nada de calentamiento cómodo. Los pilotos multiplicaron los vuelos de fondo bajo las nubes, combinados con caminatas y travesías de esquí de montaña desde su campo base, instalado por encima de los 5.500 metros, al pie del Ultar Sar y sus 7.388 metros. Una preparación fisiológica exigente, indispensable para aguantar once horas de vuelo sin flaquear.

foto instagram @ozoneparagliders
El día en que todo cambió
Todo se decidió un martes. Girard se lanzó a lo que se convertiría en un vuelo histórico: un triángulo FAI de 400 km, nunca logrado antes por nadie en el mundo del vuelo libre.
«Veso y yo hicimos equipo para ganar velocidad en el recorrido», relataba tras aterrizar. «La estrategia funcionó a la perfección, hasta que unas fuertes lluvias interrumpieron nuestro avance.»
Una hora perdida en la tormenta
Ahí es donde todo podría haberse torcido. En lugar de forzar el paso, Girard optó por la paciencia: esperar a que la lluvia se alejara y luego rodear la zona perturbada. «Decidí esperar a que pasara y luego bordear la zona de lluvia», explicaba. «Esa decisión me costó casi una hora, obligándome a navegar entre térmicas muy débiles y desorganizadas tras el paso de la tormenta, pero la paciencia acabó dando sus frutos.»
Una decisión así, tomada por encima de los 6.000 metros y tras varias horas de vuelo, dice mucho sobre el sangre fría que exige este deporte. Un momento de impaciencia o una mala elección de trayectoria, y todo el récord se viene abajo.
Las cifras que cuentan la hazaña
Más allá del relato, los datos recopilados por XC Magazine dan la medida real de la hazaña. Estas son las estadísticas oficiales de este vuelo, despegado desde Karimabad a bordo de un Ozone Zeolite 2:
- Distancia: 400,5 km en triángulo FAI
- Velocidad máxima: 90 km/h
- Velocidad media: 35,8 km/h
- Techo alcanzado: 6.746 metros
- Desnivel positivo acumulado: 2.455 metros
- Duración total del vuelo: 11 horas y 32 minutos
- Velocidad ascensional máxima: 5 m/s
El recorrido sobrevoló cumbres tan míticas como el Shispare, la cadena de Batura, el Ghamubar Zom y el grupo Thui, antes de descender hacia el pico Leila y el Masherbrum en el camino de vuelta. Una trayectoria que rozó la frontera afgana antes de virar bruscamente hacia Gilgit.
Por qué un triángulo FAI es tan difícil de cerrar
No todos los triángulos valen lo mismo en parapente. Un triángulo FAI responde a reglas estrictas establecidas por la Federación Aeronáutica Internacional, precisamente para evitar que un piloto aproveche condiciones favorables en un solo eje realizando un triángulo «de aguja», es decir, una ida y vuelta disfrazada.
Según el blog especializado Ad Nubes, para que un recorrido sea homologado como triángulo FAI, el lado más corto debe representar al menos el 28 % de la distancia total. Otra restricción: la distancia entre el punto de viraje final y el punto de partida debe ser inferior al 20 % de la distancia total del triángulo, para evitar un trazado demasiado «plano».
En la práctica, esto obliga al piloto a manejar tres direcciones de vuelo distintas, a menudo con viento en contra en uno de los tres tramos. Por tanto, es imposible limitarse a seguir el viento favorable del día: hay que anticipar, leer el cielo con horas de antelación y aceptar perder altitud para luego recuperarla en otro punto.

foto instagram @ozoneparagliders
Veso Ovcharov, el compañero que tuvo que abandonar
El inicio de la aventura parecía un sueño hecho realidad para ambos. «Si el comienzo del vuelo fue sencillamente impresionante, con cielo azul, pequeñas nubes formándose por encima de los 6.800 metros y temperaturas que bajaban hasta -15 °C, me costaba seguir el ritmo de Girard», relataba Ovcharov.
Una aclimatación imperfecta, un problema de batería en sus guantes calefactados y unas condiciones cada vez más duras en la segunda mitad del vuelo acabaron pasándole factura. El piloto ruso prefirió aterrizar con seguridad antes que asumir riesgos innecesarios por encima de los 6.000 metros.
«Antoine, en cambio, siguió solo, lleno de motivación, abriéndose camino con destreza entre enormes nubes y la lluvia», recuerda. «Al final logró esquivar el mal tiempo y completar el recorrido perfectamente planificado. Pese a perder una hora por culpa del clima, aun así batió el récord.» Ovcharov no dudó en calificar a su amigo de «piloto increíblemente talentoso y hombre mentalmente fuerte».
Antoine Girard, un palmarés que ya imponía respeto
Este nuevo récord no surge de la nada. Girard lleva años acumulando primicias en parapente de distancia. En 2021 se convirtió en el primer piloto en sobrevolar una cumbre de más de 8.000 metros, elevándose por encima del Broad Peak y sus 8.051 metros.
Aunque Hunza sigue siendo su cita anual, se permitió un paréntesis en 2025 cruzando las Montañas Rocosas estadounidenses y canadienses: 3.000 km recorridos en vuelo y vivac, en un estilo más cercano al alpinismo aéreo que al cross-country convencional.
Lo importante es que este récord del Karakórum no es un golpe de suerte aislado, sino la culminación lógica de una trayectoria deportiva construida vuelo tras vuelo, temporada tras temporada, en algunos de los terrenos más exigentes del planeta.
Los riesgos de un deporte que coquetea con lo extremo
Sería un error romantizar esta disciplina sin recordar su lado más oscuro. El parapente en alta montaña, combinado a veces con la escalada y el esquí, abre posibilidades de exploración únicas en regiones remotas, pero conlleva riesgos reales, como todos los deportes aéreos.
Hace dos años, un miembro del equipo de Girard, que volaba en solitario aquel día, perdió la vida en un accidente cerca del Baltoro. Un recordatorio brutal de que incluso los pilotos más experimentados se mueven en un entorno donde el margen de error es mínimo, entre altitud extrema, meteorología caprichosa y aislamiento total.
Mi opinión sobre este vuelo que redefine lo posible
Apoyo sin reservas la dimensión deportiva y exploratoria de esta hazaña. Habiendo hecho trekking hasta el campo base del Everest, tengo una idea aproximada de lo que supone una noche a 4.300 o 5.500 metros: la respiración entrecortada, el sueño frágil, el frío que se cuela por todas partes. Así que imaginar encadenar eso con once horas de vuelo activo, leyendo las térmicas en tiempo real sobre cumbres de 7.000 metros, impone verdadero respeto.
Lo que más me llama la atención del relato de Girard no es tanto la distancia como la gestión del imprevisto: esa hora perdida en la lluvia, esa decisión de esperar en lugar de forzar. Es exactamente lo que se aprende en el alpinismo clásico, y resulta reconfortante ver que esa ética de la paciencia también se manifiesta en el vuelo libre extremo. Mi opinión es que este récord marca claramente un punto de inflexión en cómo entendemos la alta montaña: ya no solo como un terreno para ascender, sino como un espacio para atravesar en todas sus dimensiones.
Preguntas frecuentes sobre este récord de parapente
¿Qué es un triángulo FAI en parapente?
Es un formato de vuelo de distancia en circuito cerrado sometido a los criterios geométricos muy estrictos de la Federación Aeronáutica Internacional.
- La regla de la geometría: Para que un vuelo sea homologado como triángulo FAI, el piloto debe validar tres puntos de viraje distintos en el aire. Para evitar recorridos demasiado lineales o el aprovechamiento exclusivo de un solo viento de cola, la norma establece que el lado más corto de ese triángulo debe representar obligatoriamente al menos el 28 % de la distancia total del circuito.
- El cierre del circuito: El punto final del vuelo (el aterrizaje o el cierre del trazado) debe situarse a una distancia mínima del punto de despegue inicial. Esta configuración exige una excelente estrategia de navegación para lidiar con los cambios de dirección del viento a lo largo del día.
¿Cuál es la distancia exacta del récord batido por Antoine Girard?
Esta hazaña histórica se sustenta en una distancia certificada de 400,5 kilómetros recorridos en una sola jornada de vuelo.
- Las cifras clave de la actuación: El vuelo completo exigió un compromiso físico y mental total durante 11 horas y 32 minutos sin parar a los mandos del parapente.
- La altitud extrema: A lo largo de esta travesía titánica en Pakistán, Antoine Girard aprovechó ascendencias térmicas excepcionales para alcanzar un techo máximo de 6.746 metros sobre el valle de Hunza, evolucionando en condiciones de frío e hipoxia severas.
¿Dónde se encuentra exactamente el valle de Hunza?
Este legendario valle glaciar se encuentra en los territorios más escarpados del norte de Pakistán.
- La referencia geográfica: Se extiende en el corazón de la provincia montañosa de Gilgit-Baltistán.
- El entorno alpino: El valle está literalmente rodeado por los gigantes de la cordillera del Karakórum. El lugar ofrece un relieve aerológico de una violencia y una magnitud inauditas para el vuelo libre, dominado por cumbres vertiginosas como el Rakaposhi (7.788 m) o el Ultar Sar (7.388 m).
¿El parapente en alta montaña y en altitud conlleva riesgos importantes?
Sí, practicar vuelo libre en macizos de esta envergadura constituye una de las disciplinas más comprometidas dentro de los deportes extremos.
- Las trampas aerológicas y climáticas: Al volar cerca de cumbres gigantes, los pilotos se exponen a vientos de valle potentes, fenómenos de confluencia violentos y ciclos térmicos de una fuerza extrema. Además, a estas altitudes, las condiciones meteorológicas pueden pasar de la calma total a la tormenta en cuestión de minutos.
- La gestión de la supervivencia: El peligro también es fisiológico (frío extremo, congelaciones, falta de oxígeno que altera la lucidez) y logístico. En caso de aterrizaje forzoso o incidente en pleno Karakórum, el aislamiento geográfico total y la ausencia de rescate organizado convierten de inmediato el más mínimo error en una situación de supervivencia crítica. Una aclimatación minuciosa a la altitud y una lectura meteorológica infalible son las únicas barreras de seguridad reales.
About Esteban
Me llamo Esteban y soy un apasionado del trekking y un amante de la alta montaña desde siempre. Para mí, cada cumbre representa mucho más que un desafío físico: es una aventura humana, una búsqueda de libertad y una profunda conexión con la naturaleza. Desde los senderos escarpados de los Alpes hasta las grandes expediciones de altura, busco la autenticidad, la superación personal y los paisajes que dejan sin aliento.
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